LA IGLESIA DEL DIOS VIVO

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LA IGLESIA DEL DIOS VIVO

Mensaje  Diegohi el Septiembre 26th 2008, 7:13 pm

“LA IGLESIA DEL DIOS VIVO”
1 TIMOTEO 3:15 
“Porque así como el cuerpo es uno, y tiene muchos miembros, pero todos los miembros del cuerpo, siendo muchos, son un solo cuerpo, así también Cristo. Porque por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo.”... Hay “un cuerpo, y un Espíritu, como fuisteis también llamados en una misma esperanza de vuestra vocación; un Señor, una fe, un bautismo, un Dios y Padre de todos, el cual es sobre todos, y por todos, y en todos.”... “Según el Camino que ellos llaman herejía, así sirvo al Dios de mis padres.”... “¿Me he hecho, pues, vuestro enemigo, por deciros la verdad?” De ser así, entonces, “Nosotros somos insensatos por amor de Cristo.” 1 Cor. 12:12,13; Ef. 4:4-6; Hechos 24:14; Gal. 4:16; 1 Cor. 4:10.
QUE durante la Edad Evangélica Dios ha estado seleccionando a una Iglesia es admitido por todos los cristianos excepto los universalistas; y que todos aquellos seleccionados así constituyen la Iglesia única, y que una membresía en esa Iglesia única puede asegurarse sólo durante la vida actual - durante la Edad Evangélica también se confiesa que son las enseñanzas de la Biblia.
Y muchos confesarán, también, que nuestra unión presente con el Cuerpo de Cristo, la Iglesia, aunque preciosa, es sólo una membresía probatoria, que será confirmada y hecha eterna sólo por la introducción en la membresía completa de la Iglesia triunfante, en la conclusión de este período probatorio de la vida actual. Juan 15:5,6; Fil. 3:12-16.
Pero, aunque nosotros y otros cristianos estamos de acuerdo de que la Iglesia triunfante debe ser una sola Iglesia, y no muchas iglesias, hay partes y relacio-nes del tema en cuanto a las cuales no concordamos.
Creemos que las condiciones de la prueba presente, de todos los que son aceptados como miembros probatorios de la Iglesia celestial, son muy severas y exigentes, y que la selección es por consiguiente mucho más pequeña que supone el pueblo cristiano generalmente; que sólo “un rebaño pequeño” está siendo seleccionado ahora. (Lucas 12:32.) Muchos suponen que el objeto de nuestro Dios en el llamamiento de la Iglesia y la promesa de su exaltación fue simplemente para salvarlos del tormento eterno. Afirmamos, y encontramos y producimos pruebas abundantes de las Escrituras de que el objetivo de Dios en la selección, el entrenamiento, la disciplina y la exaltación final de la Iglesia, es para el propósito final de la bendición por ella a todas sus criaturas imperfectas (humanas y angelicales), afligidas por el pecado, concediendo a todos un juicio o prueba completa y perfecta bajo las condiciones más favorables, de las cuales el conocimiento perfecto y la ayuda suficiente serán los elementos principales del favor. Vista así, la Iglesia está siendo seleccionada para la gran obra que se llevará a cabo durante la Edad Milenaria, de restaurar a “aquel que quiera” de los caídos a su estado anterior, y de consignar a la Segunda Muerte
al castigo eterno a la destrucción eterna a los voluntariosamente impíos.

Tampoco se puede negar que este punto de vista bíblico es mucho más ele-vador que el concepto común y egoísta que provino de la gran apostasía papal. Aquellos que son llamados por la esperanza de compartir en el plan de Dios para hacer bien a otros bendiciendo a “todas las familias de la tierra” serán pocos seguramente, y espiritualmente elevados sobre las masas, las cuales son movidas sólo por una esperanza egoísta de que se escapen del tormento.
También nos diferenciamos de la mayoría de los cristianos en que considera-mos que la Iglesia, en su condición actual, está simplemente en un estado probatorio. Además, afirmamos que hay sólo una Iglesia ahora, justo como hay sólo una Iglesia en la gloria; que nuestro Señor y los apóstoles nunca reconocieron a nada más que una sola Iglesia en la tierra; que en vez de establecer o reconocer muchas iglesias, ellos denunciaron todos los esfuerzos para separarse en partidos diferentes y bajo nombres distintos, como algo cismático, sectario, y en contra de la voluntad de Dios; como algo perjudicial, y como pruebas de carnalidad de parte de todos los que consintieron en o ayudaron a tales divisiones de la Iglesia probatoria.

El razonamiento capaz y al grano de Pablo sobre este tema es parcialmente obscurecido por la traducción común, pero hasta allí, cuando se enfoca la atención en ella, se discierne claramente el curso del razonamiento del Apóstol; aun más en aquella traducción valiosa y generalmente muy fiel llamada el Emphatic Diaglott. Él exhorta que “vigilen” y “rechacen” a aquellos maestros que favorecen divisiones en el rebaño de Cristo; porque ellos no siguen la voluntad del Señor, sino la suya. Y él añade, por palabras amables y elogiosas, que engañan a los ingenuos. (Rom. 16:18.) Él reprobó a la Iglesia de Corinto debido a la tendencia de sectarismo que existía entre ellos. (1 Cor. 1:10-13;
3:3-6.) Ellos se dividían en “Pablitas”, “Apolositas” y “Pedritas”, aunque unos cuantos correctamente retuvieron el nombre “cristiano”.

Cada uno de estos maestros tenía sus particularidades de la manera en la cual enseñaban, que hizo que unos estimaran altamente a algunos, y los demás a otros. Pero todos tenían un Evangelio un Señor, una fe y un bautismo. El espíritu de favoritismo, que condujo a facciones y divisiones, y a la exaltación de nombres sectarios o partidarios, o hizo que el nombre de un maestro individual se hiciera el estándar para reponerse, el Apóstol declaró que fueron pruebas de la carnalidad  pruebas de un espíritu mundano.
Aunque la adopción de nombres distintos fue incorrecta, esto fue prueba de un mal más profundo de un espíritu egoísta partidario. Esto fue prueba de que aquellos corintios que tomaron nombres partidarios nunca habían apreciado la unidad del Cuerpo de Cristo; que ellos realmente no apreciaron que Cristo es la única Cabeza, el líder y el estándar; y que el suyo es el único nombre por el cual sus seguidores deben ser reconocidos y reconocer uno al otro. Donde los mofadores aplican un nombre en escarnio, esto no es la falta de los fieles; sin embargo, los soldados verdaderos y leales de la cruz nunca deben llevar o reconocer tal nombre. Los casos de nombres originándose de este modo son los nombres “metodista” y “bautista”, ambos de los cuales fueron dados en escarnio, pero fueron adoptados después como nombres partidarios, representando sectas, facciones o divisiones en el Cuerpo de Cristo. Todos los maestros verdaderos no sólo son enviados por Cristo, sino reciben sus instrucciones de él; y cualquier hombre que intenta poner su propio o cualquier otro nombre sobre todos o sobre cualquier parte de la Iglesia es un opositor, y un adversario del verdadero y único Señor y Cabeza de la Iglesia. Él es un líder extraviado y un malhechor, sean lo que sean sus pretensiones o motivos.
El Apóstol, reprendiendo a los corintios y procurando mostrarles su error en la posesión de algún otro maestro además de Cristo para ser su cabeza y están-dar y líder, pregunta, “¿Ha sido dividido Cristo?” ¿Hay varias simientes de Abrahán ahora, cada una el heredero de una promesa? ¿Es esta la razón por la cual ustedes permiten divisiones y partidos diferentes? ¿O es porque uno de estos líderes Pablo, Apolos o Pedro les ha favorecido especialmente y se les ha puesto bajo obligación, así que ustedes lo corresponden llamándose sus siervos y seguidores, llevando su nombre? ¿Fue crucificado Pablo por ustedes? ¿O fueron bautizados ustedes en el nombre de él? No, no, muy amado; uno, y sólo uno, merece todo el honor de la Iglesia, tanto ahora como para siempre, y aquello es su Señor verdadero y Maestro; y sólo el nombre de él debe llevarse de cualquier forma. Él conduce, enseña, y alimenta; y varios agentes humanos utilizados por él, como canales para las bendiciones a su desposada, no deben tomar el lugar en su corazón, ni compartir su honor de-lante del mundo. Sin embargo, podemos y debemos honrar a sus siervos “por causa de su obra,” y considerar a aquellos que sirven bien como dignos del doble honor; pero siempre debemos “asir de la Cabeza,” y darle reverencia su-prema y obediencia. (1 Tes. 5:13; 1 Tim. 5:17; Col. 2:19.) Nuestra estima por otros debe ser “en el Señor.”

Durante mucho tiempo, de hecho hasta muy recientemente, los cristianos reconocieron este principio verdadero, que hay sólo un Cuerpo o Iglesia en la tierra, justo como hay sólo una en la gloria. Y, siguiendo esta idea, cada secta pretendió ser ésa, la única Iglesia verdadera, y persiguió a las demás. Pero con el tiempo cada una comenzó a ver en las otras ciertos rasgos buenos de doctrina y de práctica, y gradualmente cambiaron sus ideas, hasta que hoy en día ellas afirman vigorosamente, y en oposición con la palabra de nuestro Señor y de los apóstoles, que las sectas son una ventaja decidida; que la mente humana se constituye de tal modo que una fe común, la cual Pablo insta en la Iglesia, es una imposibilidad; y que las varias sectas actuales con sus diversidades contradictorias de la fe son compromisos necesarios para acomodar los prejuicios humanos y la imbecilidad.
No obstante, todavía asidas a la idea de que de alguna manera debe haber sólo una Iglesia, ellas están preocupadas de reunir todas las sectas más gran-des para hacer (nominalmente) una Iglesia, aunque cada secta en ésa puede retener sus propios rasgos especiales de fe o de incredulidad como actualmente. Todas en tal unión (de la cual la Alianza Evangélica fue un principio avanzó una etapa, ahora, en este país, por la organización del “Concilio de Federación de las Iglesias de Cristo en América,” representando treinta denominaciones diferentes) simplemente consienten en discrepar, vivir y dejar vivir, y reconocer una a la otra, de este modo general, debido a una influencia, poder y protección aumentada que la asociación traerá a cada una, y porque esto disminuiría la influencia de las otras sectas no asociadas de tal manera, y así dificultaría la independencia del pensamiento. Esto serviría para fijar y establecer una frontera “ortodoxa”, dentro de la cual habría límites de la libertad individual, y sin embargo una medida de libertad un permiso para elegir una preferencia entre las formas y las doctrinas de estas sectas asociadas, y aún permitirles ser reconocidas como “ortodoxas”. De hecho, tal es el caso ahora, entre las llamadas “mentes liberales” de todas las denominaciones; y está instándose de que una organización de esta clase, ya fundada en la Alianza Evangélica, sea totalmente consumada, y que se haga un esfuerzo para tener una Iglesia compuesta así y de algún modo reconocida por el gobierno.
Pero, aun cuando es consumada totalmente, esto podría ser nada más que una unión en nombre, con las mismas divisiones y diferencias de hecho, una iglesia nominalmente, pero muchas sectas realmente.
El primer peligro contra el cual el Apóstol advirtió a la Iglesia fue el sectarismo; y le prestaron atención a él por lo menos en aquel tiempo, pues ningunas grandes sectas de Pablitas o de Apolositas se desarrollaron. Pero, como de costumbre, el gran enemigo, frustrado en una dirección, se dirigió para el otro extremo, e intentó insistir sobre una unidad muy diferente de la que siempre enseñaban nuestro Señor y los apóstoles. Esta tentativa consistió en hacer que cada miembro reconocido de la Iglesia pensara exactamente igual, en cada detalle pequeño de la doctrina cristiana. Esta tentativa finalmente formó el Papado, donde cada asunto de doctrina fue decidido por los papas y los concilios; y cada hombre que deseó ser considerado como un miembro de la iglesia fue obligado a aceptar tales decisiones totalmente, y profesar que tales decisiones representaron sus creencias y su fe; mientras que ellas no fueron las suyas en ningún sentido, sino aquellas de la adopción.
Generalmente, ellas fueron o ciegamente recibidas o hipócritamente profesa-das con reservas mentales.
Esta no fue de ninguna manera la unidad instada por Pablo. Él instó una unidad de corazón y de mente, y no una profesión irreflexiva, despiadada o hipócrita. Él instó una unidad tal como resulta naturalmente del ejercicio apropiado de la libertad que tenemos en Cristo para buscar y creer en las Escrituras, y crecer en la gracia y en el conocimiento, cada hombre siendo así totalmente persuadido en su propia mente, y firmemente arraigado y basado en la única fe como establecida en las Escrituras. La unidad de fe que Pablo instó no fue aquella fe complicada que toca y abraza todos los temas, celestiales y terrenales, divinos y humanos, revelados y no revelados. Completamente lo contrario: las cartas de Pablo, infundidas con razonamiento lógico, no mencionan hasta los temas sobre los cuales más insisten los sectarios actualmente, y que son usados generalmente por ellos como pruebas de asociación.
Pablo no dijo nada sobre una tortura eterna para los pecadores; no dijo nada en absoluto sobre una Trinidad misteriosa, en la cual tres Dioses son de algún modo incomprensible un solo Dios y al mismo tiempo tres Dioses; no dijo ni una palabra de que el hombre sea de tal naturaleza que no puede morir, sino debe vivir eternamente, en un lugar de placer o de angustia; no dijo nada, tampoco, de que la vida presente termina todas las pruebas para todas las clases; y no entró en ninguna discusión enredadora sobre el pan y el vino usados en la conmemoración de la muerte del Señor en cuanto a la transustanciación o la consustanciación; no obstante, se puede discernir fácilmente que él no estaba en armonía con ninguno de estos errores.
Sin embargo, note en particular que sin mencionar ni una de estas pruebas sectarias de asociación, Pablo declara “No he rehuido anunciaros todo el consejo de Dios.” (Hechos 20:27.) De ahí es muy evidente que ninguno de estos puntos, que son considerados hoy como la misma esencia y sustancia de la doctrina cristiana y como pruebas apropiadas de la fe, constituye la única fe, o en cualquier sentido o grado parte de “la fe que ha sido una vez dada a los santos.” Judas 3.
La única fe, que todos deben sostener, fue muy sencilla; una tan simple que todos, tanto los cultos como los incultos, pudieron comprenderla y entenderla, y estar “plenamente convencidos en sus propias mentes.” acerca de ella.

Diegohi
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parte 2º

Mensaje  Diegohi el Septiembre 26th 2008, 7:15 pm

Esto no fue una dosis de misterios incongruentes, inconsecuentes con sí mismos e inarmónicos con la razón así como con la Biblia, para ser tragados por los ingenuos con credulidad, y por los cultos con reservas mentales hipócritas; sino que fue tan simple, tan clara, tan razonable, que cualquier seguidor honesto de Cristo pudo ser totalmente persuadido en su propia mente en cuanto a su veracidad. ¿Qué es esta fe única? La base de ella es declarada por Pablo, así: “primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí [en primer lugar como una verdad o doctrina de fundación, sobre y en armonía con la cual todas las otras doctrinas deben construirse]: Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras.” (1 Cor. 15:3,4.) “Hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre, el cual se dio a sí mismo en rescate por todos, de lo cual se dio testimonio a su debido tiempo.” 1 Tim. 2:5,6.
Esto, en pocas palabras, admite el pecado y la impotencia completa; esto reco-noce el plan amoroso de Dios para nuestra redención; esto demuestra que la muerte de nuestro Señor fue nuestro precio de rescate; y que el perdón (la jus-tificación), y la reconciliación con Dios, y la restauración de los creyentes, son como resultado de la fe en este Redentor, cuando a su debido tiempo hace que cada uno y todos conozcan aquel lugar. Estas breves declaraciones contienen el Evangelio entero, en el mismo sentido que una bellota contiene un roble. Sin este grano del Evangelio, nunca se puede poseer el Evangelio verdadero; por eso, se debe insistir en esto como prueba del compañerismo cristiano. Se debe recibir esto, más no se recibe el Evangelio. Cuando se recibe, se recibe el Evangelio. Entonces comienza una obra de crecimiento un desarrollo de este Evangelio. La rapidez del crecimiento se puede variar según el temperamento y los alrededores; se puede desarrollar en un brote, en un árbol joven, en un roble robusto sucesivamente, pero la naturaleza de la semilla se relacionará con él en cada etapa de su desarrollo. Así es la fe la fe verdadera; debe comenzar con una clase de fe de semilla en su totalidad, pase lo que pase con la etapa de desarrollo que puede alcanzar cada uno. Este evangelio reconoce la caída del hombre y su pecaminosidad, y la piedad de Dios y el amor manifestado por la gran obra de Cristo en cuanto a la redención, al perdón y a la restauración final de todos los deseosos y obedientes, pero de nadie más. Todas las teorías, y ellas son muchas, que omiten cualquier de estos artículos son falsas.

Algunos niegan el amor de Dios en el asunto, y afirman que todo el amor fue de Cristo y que él se interpuso y frustró el plan original del Padre; pero aquellos de la única fe son dirigidos por el propio testimonio de nuestro Señor, que Dios de tal manera amó al mundo que ideó el plan a medida que se lleva adelante, y envió a su Hijo unigénito para hacer lo que él ha hecho y debe hacer aún para el mundo. (Juan 3:16,17.) Los otros niegan que fuera cumplida cualquier redención por la muerte de nuestro Señor Jesús, y niegan que su vida fuera substituida como un precio correspondiente o “rescate por todos,” y pretenden que el Padre hace todo simplemente por medio de perdonar a los pecadores. Pero, de nuevo, la única fe es indicada claramente por las palabras de Pablo “Hay un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre, el cual se dio a sí mismo en rescate [precio correspondiente] por todos.”
Cuando recibido en corazones honestos, este Evangelio sencillo, el Evangelio verdadero, se abrirá gradualmente y extenderá sus raíces de razón y sus ra-mas de esperanza en cada dirección, alimentándose sobre las promesas de Dios, aumentándose como diseñó él, y comprendiendo, a medida que progre sa, el “único bautismo” y cada otro rasgo del Evangelio en su plenitud.
Note la diferencia entre ésta, la prueba de Dios, en los primeros principios sen-cillos del Evangelio, y el curso incorrecto de los hombres que intentan forzar sobre todos un sistema entero de fe (y esto cuando todavía son sólo niños en Cristo), de este modo encadenándolos, así que se dificulta su crecimiento. Para pedir a niños en Cristo consentir en treinta o cuarenta artículos de fe arreglados por sus semejantes, y consentir en aceptar aquellos como la verdad infalible, y prometer creer nunca más o menos que contienen ellos, es parecido a la selección de un árbol nudoso y torcido en un huerto, como el estándar, y requerir que todos los demás árboles sean rellenados para hacerlos lucir así de grueso y así de nudoso como la muestra, y estar ligado con cintas de hierro para que nunca pudieran ponerse más grandes o rectos.
Este Evangelio verdadero, esta fe simple, fácilmente entendida y confesada por el niño más débil en Cristo, también debe ser siempre, e igualmente, la fe de los hijos más desarrollados de Dios. Esta única fe (y no las ramificaciones interminables ni los detalles de fe que salen de ella) colocó Pablo como un estándar o prueba para todos los que afirman el nombre “cristiano”. Todos los consagrados que convinieron en éste estándar, o verdad de fundación, Pablo les consideró estar dentro y ser parte de la única Iglesia. Aunque cada miembro debía crecer en gracia, conocimiento y amor, siempre habría armonía y unidad en la fe y en la asociación de la Iglesia, si todo el crecimiento fuera mantenido en línea y en armonía con esta verdad de fundación.
Aquí estaba una base perfecta de unión, que permitía todas las varias etapas del desarrollo individual en la verdad, y que más eficazmente protegía contra los errores. Pues, si este credo simple fuera hecho hoy como el estándar por el cual todas las doctrinas deben ser probadas, esto conduciría rápidamente a la renunciación de cada error y a la unión verdadera de la Iglesia en “un Señor, una fe y un bautismo.”
El esfuerzo para obligar a todos los hombres de pensar de la misma manera en todos los temas, culminó en la gran apostasía y en el desarrollo del gran sistema papal; y así el “evangelio”, la “única fe,” que destacan Pablo y los otros apóstoles, se perdió se sepultó debajo de la masa de decretos no inspirados de papas y concilios. La unión de la Iglesia primitiva, basada sobre el Evangelio simple y ligado sólo por el amor, dio lugar a la esclavitud de la Iglesia de Roma una esclavitud de los hijos de Dios, de la degradación de la cual las multitudes todavía sufren y son débiles.
El movimiento de la Reforma del siglo dieciséis llegó como un esfuerzo para recobrar la libertad de la conciencia; pero, engañados por la idea de un credo complicado, requerido durante tantos siglos, los reformadores y sus seguidores formaron otros sistemas de esclavitud muy semejantes a aquel del Papado, aunque las modificaciones pequeñas dieran libertad a ideas más completas en algunos sujetos. Y ha sido así desde entonces: cada nuevo movimiento de re forma ha fracasado en su intento de hacer un credo suficientemente grande a la vista de sus promotores.

UN “CONSORCIO ECLESIÁSTICO”
INDESEABLE
Pero, aunque las divisiones en la Iglesia de Cristo son muy indebidas, y muy opuestas a la voluntad y a la Palabra de nuestro Señor, son mucho mejores que una unión de esclavitud bajo el sistema o credo, etc. del Papado. Por lo tanto, en vez de tratar de hacer que se combinen todas las sectas en una es-pecie de “Consorcio Eclesiástico,” una imagen o semejanza del sistema papal de unidad (aunque en un plano más alto), para regular y restringir la investiga-ción adicional y el crecimiento adicional, tenemos que hacer lo contrario abolir todas las sectas y todos los credos complicados y confesiones de fe. En vez de estar obligado aun más (por tal unión de un Consorcio Eclesiástico  o rueda dentro rueda, el doble encarcelamiento), debe ponerse al lado toda esclavitud, excepto las pruebas simples impuestas primero en la única fe que ha sido una vez dada a los santos; y todos los nombres sectarios partidarios deben ser rechazados, y el nombre de Cristo debe ser el único nombre llevado por su Iglesia.
Tal demolición de cercas sectarias dejarían a los hijos verdaderos de Dios li-bres para aceptar la prueba original y sencilla “todos uno en Cristo
Jesús”; y esto es lo que es necesario. Esto destruiría el orgullo sectario, que tan a menudo falsifica el celo y el amor cristiano verdadero, pero esto tendería a desarrollar la verdad, y así desarrollar el verdadero celo para la verdad que desea nuestro Señor en sus seguidores. El término Iglesia de Cristo ya no sig-nificaría para cualquier persona “nuestra denominación,” sino, cuando can-tarían, “Amo tu Iglesia, O Dios, Delante de ti se mantienen sus paredes, Queridas como la manzana de tu ojo, Y grabadas en tu mano,” pensarían, en cambio, de la única y verdadera Iglesia.

Bajo tales condiciones, reconociendo la verdadera y única prueba, como citada arriba por Pablo, aquellos que antes defendieron lados opuestos de las varias preguntas de doctrina se juntarían las cabezas y los corazones al deliberar con cuidado las varias declaraciones de las Escrituras; y, verdaderamente buscando el plan divino, ellos, antes de que pase mucho tiempo como prometido, serían guiados a toda la verdad. Ellos se juntarían los corazones y las manos como cristianos, y aunque sus cabezas no pudieran convenir inmediatamente en ciertos puntos, esto sería sólo una cuestión de tiempo corto; pues, el estudio imparcial del plan de Dios, sin teoría sectaria ni organización que sostener, traería las cabezas de todos en unión y en armonía general, aunque, como al principio, pudiera variar el crecimiento de las raíces de fe y de las ramas de fe.
Todos creerían las “mismas cosas,” aun si unos podrían ver y creer más deta-lladamente que otros. Fil. 3:15,16.
Esta libertad, y a la vez armonía y unión, que es el resultado de una aceptación completa de la voluntad y de la Palabra de Dios, no se alcanzará en la edad actual excepto por pocos, los “vencedores”. Los otros, como demuestran las Escrituras, seguirán en la esclavitud sectaria, y hasta aumentarán su unión de esclavitud por un Consorcio Eclesiástico o “confederación” (Isa. 8:12), hasta que, en la conclusión de este tiempo de angustia, todo es corregido por la caída de los sistemas sectarios así como de los gobiernos políticos actuales Dan.12:1; Apoc. 18:2-5.
En la próxima edad, durante la prueba del mundo, tales grandes sistemas en-gañadores no serán permitidos; pero ahora son permitidos a fin de llevar a ca-bo las pruebas y la manifestación de los “vencedores”.
Deje que los queridos santos que ahora andan en el camino estrecho, y cuyos nombres son “inscritos en el cielo” como miembros probatorios de la única Iglesia verdadera de Cristo, perseveren con paciencia en la adoración de Dios tras la manera de que otros llaman “herejía”  estrechamente estudiando y creyendo todo lo que es escrito en la Palabra inspirada, de cualquier modo que esto pueda entrar en conflicto con los credos humanos y las opiniones de los supuestos grandes teólogos. Esté bastante simple para tomar en serio lo que dice Dios en su Palabra, de cualquier modo que los monopolios eclesiásticos o los consorcios, con mucho gusto o involuntariamente, puedan procurar de distorsionarla a su propia ventaja. Huya de todas las supuestas uniones, que son simplemente esclavitudes. Lo que es necesario es tener menos de tales uniones, no más. Cada individuo tiene que sentir y ejercer la misma libertad en la doctrina que pretende cada secta ahora. De este punto de vista la unión de esclavitud de la Iglesia bajo el Papado fue la peor y la esclavitud más completa del cristiano individual; y la disolución completa de todo sectarismo, de modo que ninguna persona esté obligada a defender una fe (excepto en los primeros principios) es la condición más deseable. La ruptura del Papado en cien sectas, cada una libre de la otra, fue una obra buena, tendiendo a la realización de la libertad con la cual Cristo libera a uno. Aunque al principio fue considerada como una calamidad, pronto llegó a conocerse como la Reforma. Y ahora la disolución de estas numerosas sectas, de modo que cada individuo sea libre, es esencial para un crecimiento más completo de la gracia, del conocimiento y del amor que son posibles actualmente. Esta disolución del sectarismo, ahora considerada como una calamidad, con el tiempo se reconocerá verdaderamente como la mayor de todas las reformas religiosas. Las señales de los tiempos indican que tal reforma es inminente, y las Escrituras la declaran. Una poca más luz, un poco más conocimiento, y se caerán estos grilletes sectarios sobre la conciencia individual. Entonces, cualquier unión que exista se basará en principios justos una unión de corazones y de principios y no simplemente una confederación heterogénea.
Reconociendo la libertad personal de cada uno, cada discípulo de Cristo estará ligado uno al otro por su amor del Señor y de su Palabra solamente; y los otros serán separados.
El sectarismo ha deformado apenadamente aquella figura hermosa de la unión cristiana dada por nuestro Señor, registrada en Juan 15:1-6. Para encajarla al sectarismo, y hacer que su error en esto parezca ser apoyado por la Palabra de Dios, se afirma que “la vid” es la Iglesia entera, y que las varias denominaciones de la “Cristiandad” son las ramas. Pero, que las palabras del Señor no llevan tal construcción debe ser evidente a cualquier persona que dará al pasaje la consideración sincera. Las ramas son los individuos, y “cualquier rama” es definida por las propias palabras de nuestro Señor como “cualquier hombre.” Deje que ésta, la ilustración de nuestro Señor de la unión apropiada de todas las ramas en Una Vid, relacionada y alimentada por la misma savia, de las mismas raíces, nos enseñe de la unión verdadera y de la libertad personal en el Cuerpo de Cristo.

Supongamos que los salarios y las “vidas” de todos los ministros, obispos, sa-cerdotes, etc., fueron suspendidos, todas las iglesias, capillas y catedrales des-truidas, todos los seminarios teológicos rotos, y sus profesores dirigidos a otros empeños, todos los gremios religiosos y sociedades disueltos, incluso todas las organizaciones sectarias ¿cuál sería el resultado? ¿Quién puede dudar que esto fuera una verdadera bendición bajo el disfraz de una catástrofe grande y terrible? El efecto sería juntar a los cristianos verdaderos como la familia de Dios, y no como cintas sectarias; para estudiar la Palabra de Dios, y no las tradiciones humanas y los credos formulados en la Edad de las Tinieblas. Muy pronto, sin obstáculos, la Palabra de Dios sería oída por todos que realmente son los suyos; y un Señor, una fe y un bautismo serían pronto el resultado, aunque la masa mundana se distanciaría rápidamente, y sería perceptible la diferencia verdadera entre la Iglesia y el mundo. Las Escrituras parecen indicar que muchísima de esta clase de destrucción de los sistemas actuales debe ocurrir antes de que todo el “trigo”, la Iglesia verdadera, sea separado de la “mala hierba”, los meros profesos. El espíritu partidario y el amor sectario son tan fuertes que, por lo visto, nada salvo una ruina completa de todas las sectas bastará para poner en libertad a todos los hijos de Dios ahora ligados y con los ojos vendados por medio de y a causa de ellas.

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parte 3ª

Mensaje  Diegohi el Septiembre 26th 2008, 7:18 pm

Esta catástrofe la destrucción sectaria, la caída de Babilonia consiste en lo que se menciona en el Libro de Revelación bajo el símbolo de las siete últi-mas plagas. (Apoc. 15-18.) El dolor por causa de éstas consistirá en gran parte en la desilusión mental, la desilusión de esperanzas y planes sectarios, y la derrota del orgullo sectario. Cuando el Maestro dijo, “Velad, pues, en todo tiempo orando que seáis tenidos por dignos de escapar de todas estas cosas que vendrán,” él incluyó el dolor de estas plagas, así como otras molestias a las cuales será sujeto el mundo debido a la ignorancia del verdadero plan de Dios. Es de la fuga de estas plagas que el Revelador (nuestro Señor Apoc. 1:1) nos habla, diciendo, “Salid de ella, pueblo mío, para que no seáis partíci-pes de sus pecados, ni recibáis parte de sus plagas.” Apoc. 18:4.

TRES CONCEPTOS DE LA IGLESIA
Un querido hermano nos envió el recorte siguiente de un periódico, con el co-mentario, “Dos puntos de vista bien explicados. Por favor dénos el tercer y el verdadero, Hermano Russell.” “Hay dos concepciones de la Iglesia, que, para la conveniencia, designaré como las concepciones protestantes y católicas. La idea protestante de la Iglesia es que ésta es una asociación voluntaria de cre-yentes en Cristo; que aquellos que piensan igualmente sobre temas religiosos se juntan en una sociedad y eligen a su pastor, quien saca su comisión y su autoridad de ellos. Por consiguiente, ellos tienen la libertad de prescribir lo que él debe y no debe enseñar, o deshacer su iglesia y hacer otra, de igual modo como los miembros de un club, o de un partido político, tienen el derecho de retirarse y formar una nueva organización. La teoría protestante de la Iglesia es la de una agregación de individuos, ‘quienes pueden reajustarse a voluntad, y así crear nuevas iglesias en cada reorganización.’ (Ewer.) La teoría católica, por otra parte, es que ésta es una organización que el Dios Omnipotente ha fundado de una vez para siempre, que durará hasta el fin del tiempo, y en la cual él invita a los hombres; es su familia, su casa, su reino, su ciudad.
Los oficiales de ella son encargados por él y mantienen su autoridad como maestros sólo de él. En pocas palabras, la Iglesia Católica no es una democracia, sino un Imperio, no una república, sino un reino. Como tal, ella viene al hombre con autoridad divina; sus oficiales están bajo juramento al Rey Eterno, y sirven al hombre en su nombre, y para él.” La Iglesia Viva.
En la presentación del concepto verdadero de la Iglesia, trabajamos bajo la desventaja de que por mil quinientos años las personas han sido enseñadas uno u otro de los susodichos conceptos, o combinaciones de ambos, aunque generalmente se perdió de vista la idea verdadera desde el segundo siglo. El concepto verdadero, como lo concebimos, es lo siguiente: La Iglesia de Dios, cuando completada y organizada, será todo lo que se presenta arriba como el punto de vista católico o episcopal. Pero no está completa todavía, y por eso, no organizada todavía. Cuando organizada, será revestida con poder, y será, “no una democracia, sino un imperio; no una república, sino un reino. Como tal ésta vendrá al hombre [al mundo durante el Milenio] con autoridad divina [y con el poder de sostener aquella autoridad]. Sus oficiales estarán [en aquel tiempo] bajo juramento al Rey Eterno, y servirán al hombre en su nombre, y para él.” Todo esto, debe notarse, concuerda exactamente con el reinado venidero de la Iglesia, cuando ésta “bendecirá a todas las familias de la tierra”; pero esto no concuerda en absoluto con el estado o la condición presente. No hay ninguna organización hoy en día revestida con tal autoridad divina imperiosamente para mandar a la humanidad. No hay ninguna organización que hace esto actualmente; aunque estemos bien conscientes de que muchos de ellos en teoría afirman que se les debe permitir hacerlo así; y a muchos más les gustaría hacerlo así.
Este fue el error fatal en el cual comenzó a caerse la Iglesia en el segundo siglo; y el esfuerzo para realizar esta concepción falsa culminó en la falsificación jactanciosa e imperiosa del Reino venidero por el Papado, que durante siglos procuró dominar el mundo, por “autoridad divina” pretenciosa. Esta idea ha penetrado y envenenado más o menos las ideas de todo “el clero” protestante también; el cual, copiando las ideas falsas del Papado en cuanto a la Iglesia, pretendió también que la Iglesia de Cristo está organizada ahora, aunque hagan pretensiones menos jactanciosas a la “autoridad divina,” para enseñar y gobernar a la humanidad en general, que lo hace el Papado.
La Iglesia de Dios no está organizada aún. Al contrario, la Edad Evangélica ha sido el tiempo para llamar y probar a los voluntarios deseosos de sacrificar y de sufrir con su Señor ahora, y así demostrarse dignos (Apoc. 3:4,5,21; 2 Tim. 2:11,12; Rom. 8:17) para organizarse como coherederos en su Reino en la conclusión de la Edad Evangélica, cuando él “establecerá” u organizará su Reino en poder y gran gloria, para bendecir y gobernar al mundo con “autoridad divina.”
Mientras tanto, éstos no organizados sino simplemente llamados, que procuran hacer firme su vocación y elección, para que puedan tener parte en el Reino (2 Pedro 1:10; 2 Cor. 5:9), son “una asociación voluntaria de creyentes,” reunidos para la ayuda mutua a fin de conocer y hacer la voluntad del Maestro, para que puedan ser considerados dignos de los honores y las glorias prometidas, y no para gobernar a los hombres por autoridad divina ahora; ya que no tienen aún ninguna autoridad como tal. En esta “asociación voluntaria” de los consagrados, no hay ninguna autoridad imperial de uno sobre el otro; y no se debe permitir que dominen a la herencia de Dios; pues el único y solo Señor nos ha dejado la enseñanza, “Vosotros no queráis que os llamen Rabí; porque uno es vuestro Maestro, el Cristo, y todos vosotros sois hermanos.” Mat. 23:8.
En vez de la regla real y despótica que prevalece en las costumbres del mun-do, el Maestro dio a todos otra regla contraria, diciendo, “Sabéis que los que son tenidos por gobernantes de las naciones se enseñorean de ellas, y sus grandes ejercen sobre ellas potestad. Pero no será así entre vosotros, sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor [literalmente, siervo], y el que de vosotros quiera ser el primero, será siervo de todos [o el siervo mayor]. Porque el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos.”  Marcos 10:42-45.
El Señor fue el siervo principal; e igualmente aquellos entre los apóstoles que sirvieron a la Iglesia al mayor riesgo para sí mismos Pablo, Pedro, Juan y Santiago son estimados, por los que tienen el espíritu de la verdad, en pro-porción a su servicio, y no en proporción a sus títulos, sus vestiduras sacerdo-tales, o su alabanza entre los hombres, etc., de los cuales no tenían ninguno.
La Iglesia, o compañía de creyentes, personas a prueba para la gloria venidera, en su “asociación voluntaria,” en efecto debían reconocer a “maestros”, a “ayudantes”, a “apóstoles”, etc., pero no crearlos. Si reconocen a un hombre “poderoso en las Escrituras,” “apto para enseñar,” capaz de aclarar el plan divino, y especialmente calificado para edificarlos en la santísima fe, ellos de buena gana reconocen que el favor de Dios en levantar de entre ellos tal siervo para todos les asiste en el entendimiento de su Palabra. Pero deben tener cuidado siempre, aun cuando regocijándose en y agradeciendo a Dios por tal siervo, que requieren un “así dijo el Señor” para cada punto de doctrina, y examinan las Escrituras diariamente para averiguar si las cosas son así si las deducciones y los argumentos del maestro están de acuerdo con todo el testimonio del plan revelado de Dios.
Así que el Señor es el maestro de sus seguidores, enviando, de vez en cuando, de sus propios rangos, a ciertas personas para llamar atención a las verdades pasadas por alto, o a los errores perjudiciales entretenidos. Los “mansos” de entre las personas a prueba oirán la voz del Maestro por quien habla él; y éstos serán dirigidos a la verdad, y listos a su debido tiempo para la organización como su Reino. “Enseñará a los mansos su carrera.” Sal. 25:9.
Examinados de este modo, tanto los puntos de vista católicos como protestan-tes de la Iglesia son erróneos. El punto de vista católico aplica la futura organi-zación al presente, y el punto de vista protestante, aunque librándose de un poco del error del Papado, lleva consigo bastante de ello para perjudicarse; pues, en vez de admitir a todos los creyentes consagrados en una “asociación voluntaria,” en la cual levantaría Dios a sus propios maestros, el protestantismo también intenta de organizar y atar a uno con credos y confesiones en varias sectas, cada una de las cuales, deseosa de perpetuar a sí misma y sus ideas, selecciona y establece a sus propios maestros en sus propios seminarios.

LA IGLESIA VERDADERA
Hoy en día hay muchas organizaciones que pretenden ser la Iglesia, y tienen varias obligaciones de unión; pero deseamos demostrar ahora, sobre la autori-dad de la Palabra de Dios, primero, cuál Iglesia estableció nuestro Señor, y cuáles son sus obligaciones de unión; segundo, que cada cristiano debe pertenecer a aquella Iglesia; tercero, los efectos perjudiciales de afiliarse a la iglesia equivocada; y cuarto, habiéndose afiliado a la Iglesia verdadera, cuáles serían los resultados de perder nuestra membresía.
En primer lugar, la Iglesia que comenzó a reunir nuestro Señor Jesús durante su ministerio, y que fue reconocida por el Padre en el Pentecostés, después de que el precio de rescate por todos fuera pagado, era la pequeña compañía de discípulos que habían dedicado tiempo, talentos y vida terrestres, un sacrificio a Dios. La suya era una “asociación voluntaria” para la ayuda mutua; y esta sociedad estaba bajo las leyes y la gobernación de Cristo, su Cabeza o autoridad dirigente reconocida. Las obligaciones eran obligaciones de amor e interés común. Ya que todos fueron alistados bajo la capitanía de Jesús, las esperanzas e incertidumbres, las alegrías y dolores y las metas de uno eran los mismos de los demás; y así ellos tenían una unión de corazones mucho más perfecta que pudiera existir posiblemente de una unión sobre la base de cualquier credo artificial. Así que su única unión era del espíritu; su ley para la gobernación de cada uno era el amor; y todos, en conjunto, fueron puestos bajo obediencia a la “ley del espíritu,” como fue expresada en la vida, acciones y palabras de su Señor. Su gobernación era la voluntad de él que dijo, “Si me amáis, guardad mis mandamientos.” Hay dos sentidos en los cuales se puede considerar la Iglesia verdadera de Cristo: Todos los que, como la Iglesia primitiva, son totalmente consagrados a hacer la voluntad de nuestro Padre, responsables sólo a la voluntad y a la gobernación de Cristo, reconociendo y no obedeciendo a ninguna otra éstos, los santos, a partir del principio de la Edad Evangélica hasta su fin, cuando todos de esta clase son sellados constituyenLA CONGREGACIÓN DE LOS
PRIMOGÉNITOS [cuyos nombres están] inscritos en el cielo.” Todos éstos son uno en objetivo, esperanza y sufrimiento, y a su debido tiempo serán co-herederos con Cristo Jesús a la gran “herencia de los santos en luz”  co-herederos con él en el Reino que Dios ha prometido a los que le aman.
El otro sentido, en el cual se reconoce esta misma clase, es por medio de con-siderar una parte como el total. Así que se puede hablar de todos los vivos de esta clase como la “Iglesia”; o, de nuevo, cualquier parte de esta clase de se-guidores vivos que se reúnen puede llamarse correctamente la Iglesia; pues, dondequiera que estén reunidos dos o tres, el Señor ha prometido estar entre ellos. Por consiguiente, sería una reunión eclesiástica una asamblea de “la Congregación de los Primogénitos.” La Asamblea general se cumplirá cuando toda la Iglesia es hecha como su Cabeza, y glorificada con él. Tal, entonces, es nuestra definición de la Iglesia de Cristo. Es perfectamente ilustrada por Pablo (Rom. 12:4,5), cuando él compara la Iglesia con un cuerpo humano. En esta figura la cabeza representa a nuestro Señor, y todos quiénes son suyos constituyen el cuerpo, sobre el cual gobierna la cabeza. Jesús ha sido y siempre será la Cabeza sobre su Iglesia en su totalidad; él es igualmente la Cabeza y el gobernante de toda la Iglesia viva; y en cada asamblea donde dos o tres se congregan en su nombre (cuando se examina y se obedece su Palabra), él es la Cabeza, el gobernante y el maestro. Ef. 1:20-23.

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parte 4ª

Mensaje  Diegohi el Septiembre 26th 2008, 7:18 pm

Si se le pregunta, ¿en qué sentido enseña él? contestamos: es por medio de ejercer las calidades de la Cabeza o del maestro; es por medio de usar a uno o a varios de aquellos presentes como sus portavoces para revelar la verdad, fortalecer la fe, animar la esperanza, inspirar el celo, etc., del mismo modo co-mo la cabeza del cuerpo humano pide a un miembro para administrar al otro. Pero, una palabra de precaución aquí: Si uno se hace un miembro tan útil como la mano derecha, él debe tener cuidado de que no asume la posición y la autoridad de la Cabeza o presentar sus propias palabras e ideas como la verdad. Él debe recordar siempre que su honor más alto es ser un índice para señalar, o un portavoz para expresar, la voluntad del único Señor y Maestro. No se hinche: el orgullo le paralizará y le hará inútil. “Vosotros no queráis que os llamen
Rabí [señor, maestro]; porque uno es vuestro Maestro [cabeza], el Cristo, y to-dos vosotros sois hermanos. “Y no deje que el miembro menor desprecia su oficio, “Porque si todos fueran un solo miembro, ¿dónde estaría el cuerpo?” “Antes bien los miembros del cuerpo que parecen más débiles, son los más necesarios” “Dios ha colocado los miembros cada uno de ellos en el cuerpo, como él quiso.” 1 Cor. 12:12-31. ¡Qué simple, hermoso y eficaz es el plan de
Dios de la “asociación voluntaria” de sus hijos! Esto nos trae a nuestra segunda proposición, a saber: que todos los cristianos deben afiliarse a esta asociación u organización incipiente. A la luz de lo que acaba de decirse en cuanto a la clase que constituye la Iglesia que elige nuestro Señor, es evidente que si usted ha dejado todo su voluntad, talento, tiempo, etc., usted es reconocido por el
Señor como un miembro probatorio de la Iglesia, de la cual él es la Cabeza, y cuyos nombres están inscritos en el cielo. Así que, por la consagración, nos afiliamos a la Iglesia verdadera, y tenemos nuestros nombres inscritos en el cielo. Pero, pueda preguntar alguien, ¿No debo yo afiliarme a alguna organización en la tierra, consentir en algún credo, y tener mi nombre inscrito en la tierra? No. Recuerde que nuestro Señor es nuestro ejemplar y maestro, y ni en sus palabras ni en sus actos encontramos cualquier autoridad para atarnos con credos y tradiciones de hombres, puesto que todos tienden a invalidar la Palabra de Dios, y traernos bajo una esclavitud que dificultará nuestro crecimiento en la gracia y el conocimiento, y contra lo que Pablo nos advirtió, diciendo, “Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud.” Gal. 5:1.
Otra persona pregunta: Si no es apropiado unirse con cualquiera de las iglesias nominales presentes, ¿No sería mejor formar nuestra propia asociación visible? Sí, esto es lo que tenemos  una sociedad modelada después de aquella de la
Iglesia primitiva. Pensamos que hemos regresado a la sencillez primitiva. Sólo el Señor Jesús es nuestra Cabeza o legislador; su Palabra es nuestra regla de fe y práctica; el Espíritu santo es nuestro intérprete y guía en la verdad; nues-tros nombres están todos inscritos en el cielo; y estamos ligados juntos por el amor y el interés común. Pregunta usted ¿Cómo conoceremos el uno al otro? Preguntamos, ¿Cómo podemos ayudar a conocer el uno al otro cuando el espíritu de nuestro Maestro se manifiesta en palabra y acto y manera y mirada? Sí, la fe viva, el amor sincero, la mansedumbre paciente, la simplicidad infantil, conectada con la constancia y el celo de la madurez, ponen de manifiesto a los hijos de Dios, y no necesitamos ningún registro terrenal, pues los nombres de todos están inscritos en el libro de la vida del Cordero. ¿Necesitan los enfermos una visita o alguna ayuda? Éstos están listos con tiempo consagrado. ¿Requiere dinero la obra del Señor? Éstos están listos con medios consagrados. ¿Trae la obra de él sobre ellos el reproche del mundo, y de parte de una iglesia nominal degenerada? Éstos también han sacrificado la reputación y todo lo demás a Dios.
Pero, de nuevo, pregunta usted, ¿Cómo trataremos a alguien que anda desor-denadamente entre nosotros? Si no tenemos ninguna organización como ve-mos en nuestros alrededores, ¿cómo podemos liberarnos de éstas, tal como requiere que hagamos el Señor? Contestamos: Haga exactamente como orde-nan las Escrituras.
Ahora, como en la Iglesia primitiva, hay varios grados de progreso entre los miembros individuales, y, Pablo dice que (1 Tes. 5:14), algunos son de poco ánimo, que los alienten; otros son débiles, que los sostengan; pero, aunque usted debe ser paciente hacia todos, amoneste a los ociosos (aquellos que están alejándose del espíritu verdadero de Cristo).
No confunde a los ociosos por los débiles, y aliéntelos, ni por los de poco áni-mo, y sosténgalos; pero con paciencia, amorosamente, amoneste a los ocio-sos. ¿A quiénes denomina ociosos él? Hay muchos caminos de andar desor-denadamente. En 2 Tes. 3:11, él habla de unos que no trabajan en nada, sino son entremetidos, y dice que ellos deben hacer como hizo él trabajar, para no ser gravosos a nadie; y si alguno no quiere trabajar, tampoco coma.
Así dijo él que lo hizo, a fin de que pudiera ser un ejemplo para otros; y (versí-culo 14), después de que usted haya advertido a tal persona, si él “no obedece a lo que decimos . . . a ése señaladlo, y no os juntéis con él, para que se ave güence. Mas no lo tengáis por enemigo, sino amonestadle como a hermano.”
Él nos advierte también acerca de personas inmorales e injustas, y aquellos que tergiversan las Escrituras, y así convierten la verdad de Dios en una mentira. Y las citas siguientes claramente muestran que, en la valoración del Apóstol, los desórdenes doctrinales están entre los más importantes. 2 Tes. 3:6-14; 1 Cor. 5:11; Ef. 5:6-11; Rom. 16:17; 2 Juan 9-11; Gal. 1:8,9; Tit. 3:10.
Nuestro Señor nos provee instrucciones explícitas cuando hay un asunto de ofensa entre dos hermanos (Mat. 18:15-17): “Si tu hermano peca contra ti, ve y repréndele estando tú y él solos; si te oyere, has ganado a tu hermano. Mas si no te oyere, toma aún contigo a uno o dos, para que en boca de dos o tres tes-tigos conste toda palabra. Si no los oyere a ellos, dilo a la iglesia [la compañía de hermanos que se reúnen juntos]; y si no oyere a la iglesia, tenle por gentil y publicano.” Si, bajo la capitanía de nuestra Cabeza, prestamos atención a sus órdenes, que los seguiremos si le amamos, cuán pocos serán los malentendi-dos y las dificultades entre los hermanos. Y si la hermandad verdadera en
Cristo se realiza en algún grado, se prestará atención de buena gana a la ad-vertencia del Apóstol “no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca.” Heb. 10:25.
Y si los nuevos conversos sean engendrados debidamente por la Palabra de la Verdad, ellos estarán mucho más agradables de reunirse con dos o tres llenos del espíritu apropiado y procurando entender la Palabra del Señor, que lo estarían si se mezclaran con aquellos cuya religión consiste principalmente de formas de piedad. Y aquí estará la oportunidad para aquellos que son fuertes (en la fe y en el amor por Dios) para aguantar las enfermedades de los débiles y no complacerse a sí mismos simplemente respecto a la selección de temas, estudios, etc.
Si el recién convertido no conoce a nadie con quien él pueda reunirse perso-nalmente y regularmente, que no olvide su privilegio de comunión con el Padre y el Hijo en la oración, y con la TORRE DEL VIGÍA por correo; y déjele buscar a otros de los que tienen hambre de la verdad de entre sus vecinos “asidos de la palabra de vida,” la Verdad.
Esta asociación dispone de sus evangelistas, pastores y maestros, nombrados y dirigidos por el Señor. (1 Cor. 12:28.) Ellos no necesitan ninguna imposición de manos por la llamada “sucesión apostólica”; pues “el Espíritu de Jehová el Señor ha ungido” a todos los miembros del Cuerpo “para predicar,” etc. (Isa. 61:1), y es el deber de cada miembro del Cuerpo ejercer su oficio para la edifi-cación de los otros miembros. Toda la Iglesia verdadera son sacerdotes, una asociación de sacerdotes, y no una asociación bajo el control de una clase administrativa o sacerdotal. (1 Ped. 2:9.)
Hay un gran Obispo o superintendente, que, de vez en cuando, levanta y envía a sus propios mensajeros especiales para revelar verdades, derrocar errores,
etc. Lutero parece haber sido uno de éstos, y Wesley otro. Pero nuestro Se-ñor retiene el Obispado sí mismo. (1 Ped. 2:25.) ¡Qué completa es la unión vo-luntaria de la Iglesia de Cristo, con su membresía inscrita en el cielo, ligada por el amor, gobernada por el Espíritu, y cuán triste es el error de confundir la nominal por la Iglesia verdadera!
No tiene que instarse la importancia de nuestra cuarta proposición. Esto, en efecto, sería una calamidad terrible de perder nuestra membresía en la Iglesia verdadera o en el Cuerpo de Cristo. Y ningún miembro está fuera del peligro excepto cuando está guardando vigilancia sobre la vieja naturaleza, considerada muerta, no sea que ésta cobre vida otra vez, y se imponga en la forma de orgullo, egoísmo, envidia, calumnia o lo que sea.
Pero, lleno del amor (el amor que incita el sacrificio), y vestido con la humildad, y bajo la cubierta de la sangre redentora, estamos seguros en la Iglesia (el Cuerpo), teniendo el aseguramiento que “le ha placido [al Padre] darnos el reino.”
Sí, el Reino es el destino glorioso de la Iglesia verdadera “el rebaño peque-ño” ahora pisando el camino de humillación, y bebiendo de la copa amarga de la muerte. La gloria que se revelará en nosotros no aparece todavía, excep-to por el ojo de fe, pero las tentaciones y las pruebas son muy evidentes por cada lado. “Temamos, pues, no sea que permaneciendo aún la promesa de entrar en su reposo, alguno de vosotros parezca no haberlo alcanzado.” Heb. 4:1.
Por eso, Pablo advirtió a otros, e igualmente temió él, que no sea que habiendo sido heraldo para otros, él mismo viniera a ser eliminado. (1 Cor. 9:27) Puede suceder que nuestros nombres sean expuestos como algo malo por aquellos de la iglesia nominal, y aún “nos regocijamos y nos alegramos porque nuestros nombres están inscritos en el cielo.” Pueden desaprobarnos y ultrajarnos y decir toda clase de mal contra nosotros falsamente, o pueden procurar reconquistarnos por la adulación, diciendo que no pueden permitirse que pierdan nuestra influencia, que podríamos hacer tanto bueno permaneciendo entre ellos, etc.; pero no debemos dejar que nos muevan ninguna de estas cosas; sino, mejor dicho, regocijémonos de haber sido tenidos por dignos de padecer afrenta por causa del Nombre (Hechos 5:41,42). Ah, que necesario en este “día malo” es la fe “Que lleva impávidamente el ceño oscuro del mundo, Ni presta atención a su sonrisa lisonjera; Que los mares de angustia no pueden ahogar, Ni la engañan las maquinaciones de Satanás.”
Muy amados, déjenos repetir de nuevo la advertencia: “Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud.”
EL COMPAÑERISMO CRISTIANO
La humanidad anhela el compañerismo; y, en años recientes, los moralmente inclinados lo han encontrado generalmente en las iglesias nominales, protes-tantes en sus comités, fiestas de sociedad, reuniones de oración, etc. Tal compañerismo y tales influencias han hecho mucho para elevar el tono y el estándar moral y respetable del mundo; pero tales asociaciones son rara vez dignas del nombre cristiano; porque, ni Cristo ni su Palabra, sino las ambicio-nes mundanas, el orgullo, los vestidos, los espectáculos y el chisme social son generalmente las razones y los temas de la asociación. De ahí, aunque desaprobando las organizaciones eclesiásticas como iglesias, las estimamos realmente como la orden más alta de la diversión mundana.

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parte 5ª

Mensaje  Diegohi el Septiembre 26th 2008, 7:19 pm

Pues, aunque sean a menudo escuelas en las cuales el orgullo, la envidia, el odio y los escándalos son cultivados, estos males son menos crasos que mu-chos vicios que prosperan fuera de estas escuelas de moralidad.
Pero, por beneficiosos estos clubes sociales, llamados iglesias, puedan parecer al mundo, que tienden a bajar el asesinato a la malicia y a la envidia, y moderar el robo a la difamación el creyente realmente consagrado, que ha pasado de muerte a vida, encuentra en ellos muy poco del compañerismo verdadero, excepto cuando descubre aquí y allí un espíritu del mismo tipo, de manera similar engendrado a la vida nueva a nuevos motivos, pensamientos, palabras y hechos. Sin embargo, la costumbre los reúne, y sólo pensar en molestar aquella unión social es terrible, porque, por pobre como sea, es todo lo que tienen.
Entonces, para muchos, de allí viene el pensamiento de influencia sobre la esposa o el marido o el niño o la hermana o el hermano o el amigo. ¿Y qué, si su separación y la admisión de que su iglesia y todas las otras son realmente mundanas y poco satisfactorias debieran dificultar a alguien de afiliarse a alguna iglesia, y así, en apariencia por lo menos, de confesar a Cristo? ¿Qué entonces? Quizás el próximo invierno su club social organizará un renacimiento de religión, y, a fuerza de un evangelista importado, e himnos, y oraciones, y sermones, acalorados con descripciones o inferencias del tormento eterno que espera a todos quienes no se afilian a alguna secta, podría inducirse que uno asumiera las formas externas de la piedad sin el poder; y, retirándose ahora usted sería excluido de ayudarles en esta obra. ¿Qué entonces?
Tanto mejor, contestamos. Si hemos encontrado que el nombre y el carácter de Dios son deshonrados y tergiversados por cada denominación de la Cristiandad, ¿por qué deberíamos querer que nuestros hijos y amigos se afilien a una sociedad repleta con tales confesiones deshonrosas y creencias erróneas? ¿Por qué deberíamos querer participar en tal obra tan opuesta de todo lo que enseñaron y practicaron nuestro Señor y los apóstoles? La cuál tan seriamente tergiversa, para el buscador de Dios, el verdadero modo de hallarlo, y que engaña tanto al penitente en cuanto a cual es la verdadera “Iglesia del Dios vivo”  “cuyos nombres están inscritos en el cielo.” ¿Por qué no debería cada uno que encuentra la Verdad, o, mejor dicho, que es hallado por la Verdad, en este tiempo de la cosecha, alegrarse de usar cada átomo de su influencia para la Verdad, y contra aquellos errores que atan a tantos de los queridos santos de Dios? Seguramente, cuanto más concienzudos que somos más debemos lamentar la influencia ya dada en años pasados hacia el error, a la deshonra de
Dios y a la esclavitud de sus hijos; y aún más debe ser nuestra ansiedad de invertir nuestra influencia tan rápidamente como posible, a fin de que nuestra futura influencia para la verdad pueda en lo posible contrarrestar la influencia del pasado dada al error.
Y, si encontramos las obligaciones de sectarismo difíciles y dolorosas de rom-per, debemos cuanto más celosamente procurar salvar a nuestros hijos de un dolor similar. Una confesión superficial de la consagración completa a Cristo, no cumplida, y de la fe en un credo no realmente creído, es una herida a quienquiera lo hace. Mejor enseñar a sus hijos ser honestos con sí mismos, con otros, y sobre todo con Dios, que enseñarles desanimarse por profesiones deshonestas. Será a su ventaja ahora, así como en el purgatorio del futuro. Véase el TRATADO No 58 - Purgatorio.
Pero, de todos modos, necesitaremos el compañerismo. Y la escasez de la clase apropiada en las iglesias nominales debe conducirnos más cerca al Se-ñor, para que podamos apreciar y valorar más su amor, su Palabra, su compa-ñerismo, y el amor y el compañerismo de todos quiénes son de su familia y espíritu verdaderos. Pronto usted aprenderá a apreciar las palabras de nuestro Maestro tanto verdaderas respecto a la iglesia mundana hoy en día, como en su día “Hermanos míos, no os extrañéis si el mundo os aborrece; voso-tros sabéis “que a mí me ha aborrecido antes que a vosotros”; ya que “la amis-tad del mundo es enemistad contra Dios.” Así, separado cada vez más del espíritu mundano, usted aprenderá lo que el Apóstol quiso decir cuando dijo, “Nosotros sabemos que hemos pasado de muerte a vida, en que amamos a los hermanos.” Su amor por Jesús, nuestro Hermano Mayor, se pondrá más intenso, afectando cada pensamiento, palabra y hecho, y engendrando un amor por todos quienes llevan su semejanza; y este amor no dependerá de riqueza o de belleza personal o de condiciones sociales. Sino sólo aquellos cultivados un poco en el Espíritu y en la semejanza de nuestro Redentor pueden apreciar tal consejo o tal compañerismo. Los otros aman lo mundano porque el amor del Padre no ha sido desarrollado en ellos, y porque no odian todo malo camino.
LA IGLESIA VERDADERA NO ES
UNA SECTA
La Iglesia de Cristo no es, ni una secta, ni una agregación de sectas: es única e indivisible. Es Cristo y todos quienes son unidos con él  reunidos por una fe viva con su obra redentora por ellos, y en una consagración completa a él, a su voluntad y a su obra, hasta la muerte. Esta Iglesia verdadera es representada por nuestro Señor sí mismo bajo el símil de una vid, de la cual y en la cual todos los que pertenecen a él verdaderamente son ramas individualmente.
El Diccionario de Webster define la palabra “secta” para significar, “una parte cortada ... de ahí un cuerpo de personas que se han separado de otros en vir-tud de alguna doctrina especial, o conjunto de doctrinas, que ellos tienen en común.”
Esta descripción encaja todas las varias denominaciones de la Cristiandad. Todos se separan de otros cristianos; todos hacen así en virtud de alguna doc-trina o conjunto de doctrinas que tienen en común. Pero los miembros de la Iglesia verdadera son cada uno individualmente unidos a Cristo, y no el uno al otro. Como los radios de una rueda son cada uno ligados separadamente en el cubo, de igual modo cada miembro del Cuerpo de Cristo es, en su vida interior o espiritual, ligado sólo a Cristo. Y como el neumático estabiliza y da la unidad de operación a los radios en sus extremos, de igual modo el amor, la obligación de perfección, es la única obligación que debe permitirse entre aquellos cuyas voluntades son sepultadas en Cristo.
Nuestro Señor declaró que no vino para poner un remiendo o una enmienda sobre el judaísmo, ni poner el vino nuevo de su enseñanza en las botellas viejas del judaísmo. Resulta que el cristianismo no es un cisma o secta o grupo disidente del Judaísmo. Es, al contrario, un nuevo sistema de enseñanza religiosa, introduciendo un Nuevo Pacto entre Dios y el hombre mediante Cristo, el Mediador, cuya sangre sella aquel Nuevo Pacto y lo hace vigente.
La única prueba de asociación por lo tanto es, hacerse cristiano; alguien realmente unido a Cristo por fe y consagración; no sin una verdadera consagración, ni sin la fe verdadera. Pero el significado de una consagración completa de pensamiento, de palabra y de hecho es fácilmente entendido por algunos que dudan y preguntan de lo que es la fe verdadera necesaria para la membresía verdadera en Cristo la fe que ha sido una vez dada a los santos por nuestro Señor y sus apóstoles.
Esta fe verdadera es que todos eran pecadores, justamente bajo la conde-nación de muerte por Dios a causa de la caída; que Cristo Jesús nuestro Señor murió por NUESTROS PECADOS según las Escrituras, y que él fue levantado de entre los muertos por el Padre, que de este modo dio el aseguramiento a todos que el sacrificio expiatorio de Cristo a favor de nosotros fue completo y totalmente satisfactorio, bajo el cual aquellos de la raza de Adán que están enfermos del pecado y deseosos de la armonía con Dios pueden ser justificados y regresar a su amor, favor y bendición. (1 Cor. 15:3,4; Rom. 5:1,6,12,18.) Quienquiera cree en esta fe sencilla es un creyente, un miembro “de la familia de la fe.” Quienquiera con esta fe totalmente se consagra al servicio del Señor es un creyente bautizado, un miembro probatorio de la única Iglesia verdadera, cuyos nombres están inscritos en el cielo. Si él corriera la carrera cristiana como ha hecho un pacto para hacer, ganará el premio, y será uno de los miembros de la Iglesia Electa en la gloria, concedido un lugar con el Señor en su trono.
Esta es la base de nuestra esperanza: el único fundamento el que ningún hombre jamás podría poner, sino el que puso Dios a favor de nosotros (1 Cor. 3:11); pues, “en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros” (Rom. 5:Cool, el “justo por los injustos, para llevarnos a Dios.” (1 Ped. 3:18.) Compren-diendo que somos pecadores bajo la condena de muerte, y que podemos tener la paz con Dios y ser justificados a la vida al apropiar a nosotros mismos los méritos de su muerte, de buena gana lo aceptamos como nuestro Redentor.
“Tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados.” (Ef. 1:7) Esta es la justificación; y, siendo así justificado por la fe, tenemos la paz con Dios.
Entonces, comprendiendo, además, que aquellos que son redimidos así no deben vivir el resto de sus vidas para sí mismos y su propio placer, sino a él que murió por ellos (2 Cor. 5:14,15), nos consagramos a su servicio.
Edificadas sobre esta fundación son las doctrinas menores y aquellos principios que deben ser resueltos en la vida. Por eso, somos amonestados por el Apóstol (2 Ped. 1:5-Cool para añadir a esta fe varias gracias y logros adicionales de virtud, de conocimiento, de dominio propio, de paciencia, de piedad, de afecto fraternal y de caridad (amor). Esta era la fe de la Iglesia primitiva; y esta es la fe de todos quienes aceptablemente llevan el nombre de Cristo; y sólo ellos son correctamente llamados cristianos. La verdad es que la Iglesia primitiva progresó más allá de estos primeros principios, hasta el uso del “alimento sólido,” y de una comprensión, con todos los santos, de las cosas profundas de Dios; pero los “niños en Cristo,” y aquellos “que por el uso tienen los sentidos ejercitados,” juntos eran una familia “todos uno en Cristo Jesús.” Ellos no debían abandonar estos principios desplazándolos con otras teorías, sino añadiéndoles como explicado arriba. El más avanzado en gracia y doctrina llevaba las enfermedades de los débiles, cada uno y todos procurando crecer en gracia y conocimiento, cada vez más. En los lugares donde fue observada esta regla apostólica, no podría haber ninguna secta, ninguna división en este Cuerpo. Era sólo cuando el error comenzó a desarrollarse en la congregación que Pablo escribió a algunos: “oigo que hay entre vosotros divisiones (sectas); y en parte lo creo. Porque es preciso que entre vosotros haya disensiones, para que se hagan manifiestos entre vosotros los que son aprobados.” 1 Cor. 11:18,19.
Las divisiones fueron rechazadas en la única Iglesia verdadera, y todos los apóstoles enseñaron que hay un Señor, una fe y un bautismo. Hay un rebaño y un Pastor. (1 Cor. 12:25.) Los cristianos son una clase separada separada del mundo, separada de pecadores, separada de todos los demás en que aceptan la salvación por la sangre redentora de Cristo. Su simpatía y coopera-ción no son por medio de la fuerza, doctrinal u otra, sino simplemente de amor y de interés común, como coperegrinos y coherederos. La doctrina del rescate sirve para proteger a cada uno así en Cristo contra todos aquellos que profesan el nombre de Cristo, pero niegan o ignoran esta parte fundamental de su obra. Ni colectivamente ni individualmente deben participar los santos con las obras de las tinieblas.
Ef. 5:11.
No es notable que Satanás debiera procurar dividir y separar a las ovejas, y construir cercas, como resultan ser los credos confesionales, que dificultarían a algunas ovejas de seguir al Pastor en pasturas verdes de la verdad fresca y viva. Esto sería sólo sabiduría de su parte. Pero es extraño que él debiera ser capaz de encadenar la razón de tantos, que ellos deberían pensar que sería una marca de espiritualidad al decir que, soy de Lutero, un luterano; yo de Cal-vino o Knox, un presbiteriano; yo de Wesley, un metodista, etcétera. El Apóstol
Pablo, al contrario, dijo a algunos de su día, que estaban en peligro de este espíritu del sectarismo: “Porque diciendo el uno: Yo ciertamente soy de Pablo; y el otro: Yo soy de Apolos, ¿no sois carnales?” ¿No está en oposición directa al Espíritu de Cristo al pensar o actuar así? “¿Está dividido Cristo?” ¿Murieron por sus pecados Pablo o Pedro o Knox o Calvino o Wesley o le redimieron a usted alguien más que Cristo? Ellos, como siervos de Cristo y de la Iglesia, deben ser estimados mucho por el bien de sus obras, pero llamar a la Novia en nombre de alguien más que el Novio es manifiestamente impropio. ¡Ah, que todos pudieran ver que a la vista de Dios hay sólo una Iglesia cuyos nombres están inscritos en el cielo y con que Dios no puede simpatizar o reconocer a cualquier división en la Iglesia verdadera! Él no reconoce los credos estrechos en los cuales tantas de las ovejas son restringidas y privadas de alimento. Como hemos demostrado, él ha colocado sólo una cerca alrededor de su redil. Dentro de ella hay mucho espacio, tanto para los corderos como para las ovejas completamente maduras.
UNA PARÁBOLA RESPECTO A LOS REDILES FALSOS
Imagínese una pastura fina, grande, rodeada por una cerca fuerte y alta (la Ley de Dios), que mantiene adentro a todas las ovejas, pero que no reconoce ningún medio de acceso a aquel redil (la condición justificada), excepto a Cris-to, la puerta, la fe en cuyo sacrificio por el pecado es el único camino para el redil. Todos los que entran en el redil por cualquier otro camino son ladrones y salteadores. Este es la pastura proporcionada por el Pastor Bueno para sus ovejas, por quienes él una vez entregó su vida. En el redil verdadero de Cristo ha entrado un rebaño de muchas ovejas. Ellas pertenecen al Pastor verdadero; pero, a medida que miramos delante de nosotros en las cuestas cubiertas de hierba, sólo unas cuantas ovejas, un rebaño pequeño en efecto, parecen disfrutar de la libertad del redil la libertad con que Cristo las hizo libres. ¿Dónde están las demás? Miramos, y vemos dentro de la puerta, en ambos lados del camino, pequeños recintos. Sobre cada uno se escribe un nombre peculiar presbiteriano, metodista, bautista, segundoadventista, católico romano, católico griego, episcopalita, luterano, etc.

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parte 6º

Mensaje  Diegohi el Septiembre 26th 2008, 7:20 pm

Examinando estos corrales encontramos que son distintos. Algunos son construidos como prisiones con marcos de hierro y barras y cadenas, otros son menos fuertes, y unos son simplemente delimitados “líneas muertas,” sobre las cuales las ovejas entienden que no deben ir. Estos corrales están llenos de ovejas, pero son débiles, delicadas y enfermizas por falta del ejercicio apropiado y del alimento fresco y nutritivo. Ellas son alimentadas regularmente, pero sólo con cáscaras, de vez en cuando con un poco de leche, pero comen sin gusto y no consiguen nada bueno de ello. Muchas de ellas son más flacas y más pobres que cuando entraron por primera vez en el redil, y algunas se han hecho ciegas. Cosa rara es que todas parecen estar perfectamente satisfechas, cada una con su propio corral, y raramente hacen una tentativa de escaparse.
También notamos que habían sido designados subpastores para ayudar a pastorear a las ovejas, y que habían construido estos corrales, pero por lo visto sin el permiso del Pastor Principal. Dejados perplejos para saber por qué las ovejas así se rindieron para estar encerradas, miramos para ver como las indujeron a entrar en los varios recintos. Cuando ellas entraron en el redil por la única puerta (la fe en Cristo), cada subpastor trató de inculcarlas, a medida que pasaron, la necesidad de entrar en uno de los muchos corrales, y la deseabilidad de aquel que representó él en particular. Como resultado de esto, casi todas las ovejas que entraron en el redil fueron encerradas, ya que confiaron en los subpastores y siguieron a la mayoría; y sólo unas cuantas pasaron para disfrutar de toda la libertad del redil. Los subpastores procuraron inculcar continuamente en sus ovejas que las ovejas libres eran herejes y en camino a la destrucción.

Miramos para ver la conclusión de este asunto, ya que aprendimos que el Pastor principal fue esperado por algunos, y supimos que su llegada manifes-taría pronto si aprobó la división y el encarcelamiento de su rebaño. Casi todos los subpastores afirmaron que él no vendría aún por mucho tiempo.
Actualmente oímos gran regocijo entre las ovejas libres. Miramos, y encontra-mos que el Pastor Principal había venido silenciosamente, desapercibidamente (“como un ladrón”), y fue reconocido ahora por algunas ovejas; y de ahí la alegría. Algunos de aquellas encarceladas oyeron la voz del Pastor; miraron y escucharon, sin embargo apenas no pudieron creerlo. Fue en efecto la voz del Pastor a medida que tendió y arregló a su rebaño.
Sus ovejas verdaderas parecieron oír su voz condenando el proceso de encie-rro, y diciendo a sus ovejas, “¡Salgan!” Algunas saltaron las cercas y así gana-ron la libertad y el alimento de la mano del Pastor, aunque las otras fueron tan débiles y desmayadas por falta del alimento que temblaron con anticipación, pero no salieron por el miedo de los subpastores.

Notamos que, fuera de las cercas, algunas ovejas libres trajeron el alimento a las barras, así alimentando a las débiles hasta que estuvieran bastante fuertes para saltar la cerca. Los subpastores, mientras tanto, estuvieron alertos con vigilancia redoblada, y por medio de políticas variadas procuraron mantener el control de sus (?) rebaños. Algunos denunciaron y se mofaron de aquellas por fuera, y amenazaron a las ovejas por dentro; y los otros redoblaron los ejerci-cios acostumbrados “apariencias de piedad.”
Esperamos para ver el resultado, y vimos a los subpastores infieles atados y golpeados con azotes, los corrales de encarcelamiento todos destruidos, y el redil usado como diseñado el rebaño uno, su nombre uno, y su Cabeza el Pastor verdadero que dio su vida por las ovejas Cristo Jesús.
“SALID DE ELLA, PUEBLO MÍO”
En Apocalipsis 18:4-8, tenemos las instrucciones más enfáticas de nuestro Señor, respetando nuestro curso apropiado en este momento. Este consejo no era aplicable siempre; no antes de la caída de Babilonia mística bajo la conde-nación divina, que la profecía demuestra que sucedió en 1878 d.J.C. Como indicado en las Escrituras, Babilonia, la madre de las abominaciones, había tergiversado la verdad y a la Iglesia verdadera por mucho tiempo, que en gran medida se encontraban en ella y en sus sistemas filiales (Véase ESTUDIOS DE LAS ESCRITURAS, tomo II, páginas 271-282 [en inglés], tomo III, páginas 135-197 [en inglés]); pero su sentencia de rechazo fue reservada hasta el tiempo de la “cosecha”.
La expresión, “Salid de ella, pueblo mío,” indica claramente que algunos santos verdaderos de Dios han estado en Babilonia, y que, hasta el tiempo de su caída, Dios no se opuso al que estaban en los sistemas de la iglesia nominal, y no les pidió a salir.
En efecto el Señor mismo a veces hablaba a y mediante Babilonia hasta el tiempo cuando, habiendo golpeado en la puerta, él declaró su presencia, y, siendo desatendido por la tímida, pero realmente ciega y miserable Laodicea, la vomitó de su boca (para ya no ser su portavoz) por siempre.  Apoc. 3:14-22. Pero ahora ha comenzado el juicio del gran día Milenario; y su principio es con la Iglesia para separar a la verdadera de la falsa o nominal.
Para llevar a cabo esta separación, la verdad “la espada del Espíritu” más aguda que cualquierespada de doble filo, es desenvainada. El conflictoahora en progreso entre la verdad y el error, la luz yla oscuridad, es para el mismo propósito de probar,cernir y separar a “los hijos de la luz,” quienesaman la verdad, de los hijos de la oscuridad, queaman el error. Como demostrado an-tes, el segundoadvenimiento de nuestro Señor es, a este respecto,semejante a su primer advenimiento; y sus palabras,“¿Pensáis que he venido para dar paz en la tierra?Os digo: No, sino disensión.” (Lucas 12:51), sonaplicables ahora hasta que su Iglesia haya sidoreunida y glorificada, y su Reino esta-blecido enautoridad gloriosa.
La expresión, “para que no seáis partícipes de sus pecados, ni recibáis parte de sus plagas,” implica que, en este tiempo en el cual son llamados, se le tra-erá el pueblo de Dios a un conocimiento claro de la verdad; ellos verán cla-ramente lo que constituyen los pecados de Babilonia los errores de doctrina y de la vida. Y, cuando así iluminados, aquellos que componen el pueblo de Dios, y poseen su Espíritu, su amor por lo bueno y la verdad, odiarán el error y la oscuridad en la cual por tanto tiempo han estado ellos. Tales estarán listos y ansiosos de conocer su deber hacia la iglesia nominal. El efecto de la luz de la verdad sobre sus corazones será tal que ellos lo sentirán por instinto y se pre-guntarán, “¿qué compañerismo tiene la justicia con la injusticia?” y buscarán al Señor para indicarles su sabiduría y voluntad. A tales el Señor contesta, por su Palabra, “Salid de ella, pueblo mío.”
La expresión, “para que no seáis partícipes de sus pecados,” está en forma de un recordatorio, así como una amenaza. Es un recordatorio que, cuando en ignorancia de la verdad, ellos no llevaban ninguna responsabilidad de los errores ni del curso incorrecto de Babilonia, madre e hijas; pero puesto que ahora ven aquellos errores aquellos pecados son responsables; y que si ahora se quedan en estos mismos sistemas ellos, al consentirles inteligentemente, son tan responsables como aquellos que formularon aquellos errores, o aún más, y compartirán seguramente y justamente las consecuencias.
Pero, por varios motivos, algunos parecen preocupados de perdonarse, y que-darse en Babilonia. Tales personas indican que carecen del espíritu apropiado de la verdad, o sea que no han digerido todavía una suficiencia del “alimento a tiempo” para darles la percepción necesaria de sus pecados, que en la valoración del Señor son amontonados hasta el cielo. Otra cosa confusa consiste en que algunas hijas de la Madre romana han quitado muchas de las marcas y formas externas de la madre, no obstante retienen la mayor parte de su espíritu y doctrinas.
Por ejemplo, los bautistas, los congregacionalistas, los segundoadventistas, los discípulos, y unas otras denominaciones, afirman que no tienen esclavitud; afirmen que la Biblia es su credo y que cada grupo o congregación tiene la carga de sus propios asuntos, y que las reuniones en las cuales se unen estas congregaciones independientes de cada denominación son simplemente asociaciones voluntarias, en las cuales la supervisión confesional o la esclavitud no encuentran ningún reconocimiento. Entonces, sobre todo con los “Discípulos”, la confesión exigida es muy simple. Pero ellos principalmente mencionan la doctrina de la Trinidad, o el tormento eterno, o ambas cosas. Y donde no se especifican éstos, se entienden, y si se enfoca la atención en estos temas, o en la manera del Segundo Advenimiento de nuestro Señor, o en los “tiempos de la restauración,” hay siempre una corriente fuerte de oposición, y, o escrito o no, se encontrará un credo que no admite ningún examen bíblico o crítica; y, a menos que usted consienta, usted debe callarse o salir.

La palabra “credo” viene de la palabra latina credo, y significa “yo creo”. Es completamente apropiado que cada cristiano tiene para sí mismo un credo, una creencia. Y, si varios cristianos llegan a una unidad de fe sobre las líneas de la Palabra de Dios, el reunirse juntos para el compañerismo y la comunión es tanto apropiado como provechoso, como declara la Biblia. La dificultad general es que, cuando grupos de cristianos se reúnen como hermanos, hacen un credo escrito o entendido que va más allá de la Palabra de Dios e incluye la tradición humana; o sea que ignoran toda fe, y hacen la moralidad las obras buenas como la única base de asociación. Pero, como indica el nombre, los cristianos son creyentes en Cristo, y no simplemente moralistas. Aunque, por lo tanto, un credo es necesario, y el que tiene ninguno no tiene ninguna creencia, y sería por eso un incrédulo, y aunque en la asociación cristiana una armonía de fe es necesaria para la comunión, todos deben comprender que la asociación y la fe de la Iglesia primitiva, bajo la dirección divina, fueron construidas sobre los primeros principios de la doctrina de Cristo; y nada más o menos debe ser la base de la asociación cristiana aquí y ahora. Sugeriremos un modo seguro de juzgar si sus asociaciones presentes en el nombre de Cristo son parte de Babilonia o no, y si, por lo tanto, usted es uno de aquellos llamados para “Salir de ella.” Es este: Si no hay ninguna reunión de la congregación en la cual los creyentes pueden sugerir un pasaje de Escritura para la discusión, en cual discusión usted, con otros, puede presentar sus opiniones respecto a la Palabra de Dios, hay algo incorrecto. No puede asociarse allí por mucho tiempo. Su luz está bajo un almud, y se apagará, a menos que le dé más libertad. Usted debe salir de tal condición o su luz se hará la oscuridad.

Pero si haya reuniones en las cuales usted tiene una igualdad de oportunidades con otros de sugerir alguna parte de la Escritura y expresar su punto de vista concerniente al significado igualmente con otros, usted puede concluir que ha encontrado al menos alguna evidencia de la libertad cristiana; ya que ningún cristiano tiene el derecho de rehusar a dar, cuando preguntado, una razón de la esperanza que hay en él. Y ya que el credo o la creencia de cada cristiano profesa construirse sobre la Palabra de Dios, resulta que cada cual no sólo debe estar dispuesto, sino estar listo siempre para cambiar su creencia por una más bíblica, si se le puede señalar tal cosa.
Habiendo descubierto a aquellos que siguen los métodos bereanos, alégrese pero con miedo, hasta que los haya probado más profundamente. No abuse de su hospitalidad intentando monopolizar el tiempo; esté contento y agradecido de conseguir su porción. Y, cuando se presenta su opción de un tema, asegúrese de (1) que se selecciona sabiamente, algo que edificará, y no estrangulará, a sus oyentes. (2) Ore que, como un ministro (siervo) de la verdad, usted puede ser un “obrero que no tiene de qué avergonzarse.” (3) No deje que algo se haga por lucha, opinión o esfuerzo vanaglorioso para alardear a sí mismo o su conocimiento de la Palabra; sino (4) “siguiendo la verdad en amor,” mientras lo expresa por lo menos claramente y fuertemente.
Mientras usted tiene tales oportunidades de oír a otros y expresarse, puede concluir que está en un lugar seguro. A medida que progresa, al escuchar a los demás, y al expresarse a otros libremente y sinceramente, usted o ellos probablemente entrarán en armonía con el espíritu de la verdad. Si sus puntos de vista sean bíblicos y los de ellos no, indudablemente comenzarán a odiarle a usted y la verdad, y pronto no encontrará ningún compañerismo con ellos.

Pero en la mayoría de los casos ninguna prueba de espíritus será necesaria. Generalmente usted encontrará que las congregaciones han formulado un credo al cual cada miembro es obligado a suscribirse si no por escrito o por voz, al menos por el asentimiento silencioso. En tal caso, consiga tal credo o confesión, y vea si éste justamente, francamente y sinceramente representa su fe. Si no lo hace, no debe perder ningún tiempo en rechazarlo, por ignorante de ello conscientemente que pueda haber sido por muchos años. Ahora usted lo sabe, y si permanece en ello, con inteligencia, se desmiente, y así se demuestra que usted no es un amante de la verdad ni aquel que quiere agradar a Dios, sino un amante del error y aquel que agrada a los hombres. No importa en absoluto lo que usted pueda haber dicho al ministro y a algunos o a todos los ancianos de la iglesia en cuanto a su desacuerdo e incredulidad. Ellos no tienen ninguna autoridad con Dios o con los hombres para exonerarle de su confesión pública. Si, por ejemplo, usted es un presbiteriano; no es al ministro, ni a la Sesión, ni a la congregación local que usted se ha unido simplemente, sino también al cuerpo entero de los presbiterianos, por todos lados. Y mientras que usted es manifiestamente un miembro, se les obligan en su creencia y conducta a todos ellos. Y antes del mundo entero usted está contado como uno de ellos, y como un compañero en todo lo que es profesado en común por todos ellos. Si usted no cree como lo hacen ellos, es su deber a todos ellos, y al mundo, retirarse, y enderezar a sí mismo y a los demás delante de todos. Si por la piedad del Señor usted es uno de los pocos que han pasado desde la oscuridad hasta su luz maravillosa, usted se avergonzará ahora de las doctrinas que una vez se deleitó de admitir, y se deleitará de reducir por uno el número de los extraviados, y añadir por uno al número del rebaño pequeño despreciado  desconocido de veras por los hombres, pero poseído y amado y apreciado por Dios.

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parte 7º

Mensaje  Diegohi el Septiembre 26th 2008, 7:21 pm

Ya que usted no se afilió al ministro o a la Sesión simplemente, sino a la con-gregación y a la denominación entera, la disolución de su membresía, si es posible, deber ser igual de pública como fue su unión. Y, en respuesta a muchas preguntas, sugerimos abajo un bosquejo general para una carta de separación que para los que lo desean están en libertad de copiarla y usarla. De ser posible, debe leerse en voz alta en alguna reunión de la congregación general, en la cual se permiten la oración general, los comentarios, etc., tal como una reunión de oración. Tras haberla leído, debe dársela al líder de la reunión como el representante de la congregación y los oficiales. Si por razones de enfermedad o de alguna otra causa no sea posible este curso, recomendamos que se envíe una copia de la carta a cada miembro de la congregación, para que no haya ningún lugar para un malentendido o tergiversación. Suministraremos de buena gana copias de esta carta impresas en el tipo de máquina de escribir, junto con sobres, y tratados para acompañar la misma gratis, al estar informados de la cantidad necesaria.

LA CARTA SUGERIDA:
Queridos Hermanos y Hermanas, Miembros y Oficiales de la Iglesia __________.
El Señor recientemente ha estado enseñándome algunas cosas maravillosas de su Palabra, de las cuales me alegro. La Biblia se ha hecho un nuevo libro para mí, tan extensamente han sido abiertos los ojos de mi entendimiento. Dios es mi Padre ahora, Cristo mi Redentor, y todos los creyentes mis hermanos, en un sentido nunca antes apreciado.
Yo no haría que ustedes entendieran que tuve una visión o una revelación especial; simplemente tengo la Palabra de Dios, escrita “antes, para nuestra enseñanza” pero Dios la ha hecho más clara a mi entendimiento recientemente, por algunos de sus siervos. Tampoco aquellos siervos pretenden inspiraciones especiales o revelaciones, sino que simplemente ha llegado el tiempo debido de Dios para abrir y hacer conocer su plan glorioso, sabiamente guardado secreto en el pasado, como declaran las Escri-turas sí mismas. Dan. 12:9.
De estas cosas benditas yo podría mencionar unas cuantas, muy brevemente: En-cuentro que las Escrituras no enseñan el tormento eterno de todos excepto los santos. Encuentro que la penalidad completa por el pecado voluntarioso contra el conocimiento claro, en el lenguaje del Apóstol, será “eterna destrucción, excluidos de la presencia del Señor.” Pero, aún mejor, de ser posible, encuentro que, aunque tantas de nuestra raza (en efecto, la mayoría) han muerto en ignorancia total o parcial de Dios y su oferta de la vida eterna por Cristo, Dios ha provisto compasivamente que durante la Edad
Milenaria a todos aquellos de las familias de la tierra se les bendecirá con el conoci-miento necesario, y se les dará una oportunidad de obedecer para alcanzar la vida eterna. Y, además, encuentro que su enseñanza sea que la Iglesia del Evangelio, como coherederos con Cristo nuestro Señor, serán agentes de Dios en el otorgamiento de aquella gran bendición milenaria. Y, finalmente, parece que este tiempo de bendición por el cual el pueblo de Dios ha orado por tanto tiempo, diciendo, “Hágase tu voluntad, así en la tierra como en el cielo,” está muy cerca, y ahora mismo el trigo y la mala hierba están siendo separados, y pronto un gran tiempo de angustia derrocará las instituciones existentes y anunciará el Reino de Cristo de paz y de equidad.
Me alegraré de proveer pruebas bíblicas de estas cosas a cualquier que desee buscar la Palabra de Dios, y demostrarles si estas cosas son así. Pero ahora, queridos amigos, viene un deber desagradable. Encuentro que muchas de estas gemas de la verdad están en conflicto directo con nuestros puntos de vista sostenidos y enseñados y confesados en nuestra literatura confesional; y por eso, en honestidad a ustedes y a mí, debo retirar mi membresía con ustedes en esta iglesia. Permanecer sería tergiversar sus puntos de vista, y hacer que ustedes tergiversen los míos la doctrina del tormento eterno del nueve décimo de nuestra raza que es horrible ahora a mi parecer en efecto, una blasfemia contra el Dios del amor, cuya Palabra, cuando se entiende, enseña completamente lo contrario.
Por casi ___ años he tratado fielmente de guardar mis compromisos con ustedes como un feligrés de esta iglesia, y he aprendido a amar a algunos de ustedes muchísimo a algunos por sus calidades sociales y a otros por su santidad su semejanza a Cristo. Es, por lo tanto, con dolor que les anuncio mi separación, y les debo esta explicación. Déjenme asegurarles que no es porque mi amor es menos que antes, ya que por la gracia de Dios, creo que se aumenta hacia él y los suyos, y, compasivamente, hacia toda nuestra raza. Esta acción, por lo tanto, no debe entenderse como una separación de la Iglesia de Cristo, cuyos nombres están inscritos en el cielo, sino simplemente una separación de la Iglesia __________, cuyos nombres están inscritos en la tierra.
Me retiro a fin de que yo pueda ser más libre en mi conciencia, hacia Dios y los hom-bres, y para que pueda asociarme más completamente con todos quienes son de todo corazón el pueblo del Señor no sólo aquellos en esta congregación y denominación, sino en todas las otras también. No pido ninguna carta de despido, ya que no podía esperar estar mejor satisfecho en otra parte. En cuanto a mí, deseo quitar cada barrera entre mí y los otros peregrinos. Así que, a todos ustedes que están en Cristo Jesús los miembros de su Cuerpo todavía soy un miembro, una rama en la Vid verda-dera (Cristo), que nada puede separarme del amor de Dios en Cristo, mi Señor. Juan 15:5; Rom. 8:38,39.
La Torre del Vigía, 1 y 15 de septiembre de 1893, pag. 260-279

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Re: LA IGLESIA DEL DIOS VIVO

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